domingo, 3 de febrero de 2019

El Balance del Amor


¿Has notado cuánto se habla acerca de la felicidad?  Todos queremos ser felices.  De hecho, todos necesitamos serlo, pero aún estamos buscando la fórmula para lograrlo.
Algunos creen que la felicidad se encuentra en hacer todo lo que a ellos les gusta.  Pero resulta que la vida ya tiene un orden predeterminado que debe ser respetado.  Es así, pues, que todos alcanzamos la felicidad entendiendo y respetando este orden.                   
Yo fui una niña muy feliz.  Y recuerdo haber mantenido siempre las palabras de mi padre en mi mente, para evitar fallar en obedecerle, y merecer castigo.  Temía ser castigada, y esto hacía que yo me abstuviera de desviarme.  Pero me sentía amada y segura, también, y no deseaba nada, pues sentía que mi familia me daba todo cuanto yo necesitaba.

Como seres humanos todos somos diferentes.  Algunos son más curiosos, otros más necios, otros más valientes, otros más egocéntricos, y así.  Y todos nacemos en una familia para aprender cómo tener una vida llena de satisfacciones.  Necesitamos el amor, como el primer ingrediente, y necesitamos la disciplina que nos enseñe a apreciar este amor.  

¿Qué es la disciplina?  La disciplina es la parte del amor que no parece dulce en lo más mínimo.  Y no lo es en el momento en el que se aplica.  Pero el fruto sí  lo es.

La disciplina es ese trato duro que necesitamos debido a nuestra falta de humildad, a nuestra falta de disposición para permitir que se nos guíe, y que la dulce voz de nuestro padre o madre sean todo lo que necesitamos para ser guiados.
La disciplina es esa cosa desagradable (incómoda) que nos traerá de regreso al camino a tiempo.

¿Quién necesita disciplina?  Aquél que no escucha al amor. Aquél que no confía en la sabiduría y necesita enfrentarse a la vida por sí mismo/a.  Aquél que escucha sus propias emociones más que a aquéllos que han sido colocados para protegerle.  Aquél que cree en sus propios  pensamientos y no está abierto a aprender de la realidad por parte de aquéllos que ya han aprendido sus reglas.
Cada edad requiere diferente clase de disciplina.
Un niño muy pequeño no puede entender más que lo que sucede en el momento.  Necesita aprender disciplina en el momento del hecho.  Nunca entenderán cada palabra que tú estés diciendo, pero entenderán que están siendo reprendidos.   Si tiran la pacha, si rompen algo, si te pegan, …
Nunca le levantes la voz la primera vez que algo así sucede.  Toma sus manos con amor, míralo a los ojos con cariño y dile que no debe hacer lo que hizo.  Tu alma debe dejar todo sentimiento dulce a un lado y permitir que la verdad se ponga de pie ante tu hijo y que sepa que lo que ha hecho es incorrecto.  Su espíritu comprenderá que se le está diciendo que no debió de haber hecho lo que hizo, y no experimentará ningún miedo, sino amor y aceptación.  La disciplina siempre debe dejar manifiesto que se rechaza la acción pero no a la persona.  Nunca regreses a lo que pasó. Sólo lo confundirá  y lo hará temer.  No tendrá ni la más mínima noción de lo que hablas.  Esa es una de las ventajas de ser niño:  vives en el presente.

Cuando ya son un poco mayores puedes permitir que la vida los discipline por ti.  Yo tuve que cuidar de mi hermanito , quien es 19 años menor que yo.  Lo vi crecer y vi cómo deseaba trepar (él tenía tres años entonces).  Siempre le dije que no lo hiciera, pues sabía que era peligroso.  Podía caerse.  Pero él insistía.  Finalmente decidí permitirle intentarlo.  Me aseguré de que hubiera escogido un lugar en donde no pudiera lastimarse y me paré cerca.  El subió, pero se cayó. Sólo se asustó un poco mientras entendía el significado de las palabras que yo había estado tratando de explicarle.  Pero yo sabía que él había aprendido su lección. 
Para eso está allí el amor.  El vio que yo no lo había dejado solo.  Entendió que le había dado lo que él quería y compendió también por qué yo insistía en decir “no”.  No es bueno decir “no” a menos de que el asunto sea realmente peligroso y provoque daño irreparable (como tocar el fuego, acercarse a una piscina, etc.)  Necesitamos enseñarles a nuestros hijos, y ayudarles a encontrar el camino correcto para su curiosidad, para sus habilidades, sus deseos y sus pensamientos, pero no debemos intentar refrenarlos completamente.  Haciendo esto podríamos estar dirigiéndolos equivocadamente y destruyendo su identidad.

Si nuestro hijo no aprenede de la vida (necedad) todo lo que podemos hacer es amarle.  Debemos estar cerca de él tanto como sea posible y nec0esario y dejarle el resto a Dios.  (en las manos de Dios).  Nunca te sientas responsable por aquellas cosas que hacen tus hijos.  Si tú los has amado y los has disciplinado, has sido fiel en todo lo que te corresponde.  No puedes ni debes volverlos temerosos ni sustiutir su voluntad.  Todo el temor que ellos deben sentir es el que vine de la disciplina: el temor que viene de la verdad.

La disciplina es el último recurso de protección antes de que llegue el daño.
Lo primero y más importante de todo lo quenecesitamos (para nuestra protección) es el amor.  Pero debido a nuestra naturaleza pecaminosa, necesitmaos ser disciplinados para no morit, y lograr alcanzar felicidad eterna.
No desestimes el valor de la disciplina, y no creas que aplicarla es ir demasiado lejos. Es increíble cuánto dolor puede evitarnos.

Conforme nuestros hijos crecen podemos disciplinarlos privándolos de cosas que les gustan o uieren.  Tienes que ser fuerte y siempre tienes que permitir que el amor llegue hasta ellos:  cómprales algo, promételes algo (un premio, una rescompensa) escríbeles una tarjeta, háblales, … es muy importante que nuestros hijos entiendan que estamos rechazando sus actitudes y no a ellos.  Asegúrate de que ellos saben que tú espera ssu comrpensión, y que tú estás allí para ellos.  Todo esto es por su bienestar, no por que tú quieras demostrar quién manda.

Comprendamos que no debemos castigar a nuestros hijos por que no les guste lo que a nosotros o por que les guste lo que a nosotros no.  Debemos ser muy cuidadosos con esto.  La disciplina es un asunto de vida o muerte.  Si le enseñas a tu hijo a tocar al perro, tu hijo querrá tocar a cualquier perro  y será demasiado tarde cuando se dé cuenta de que está frente a uno que no es amistoso.  Así que sé realista.  Ten claro endónde vives, qué estilo de vida llevas, tu sociedad, environment tu vecindario y aseguúrate de tomar decisiones de acuerdo a todo lo anterirmente mencionado.  Sé objetivo y protege a tus hijos tanto como sea posible de toda maldad a su alrededor (drogas, sida, alcohol, abuso sexual, etc.).

Permíteles a tus hijos ser libres, pero enséñales laramente la diferencia entre correcto e incorrecto, malo y bueno.  Crecerán y serán libres para tomar decisiones incorrectas, pero si tú los has amado y les has enseñado el valor del amor y de la felicidad verdadera ellos van a tener probabilidades muy altas para tomar la decisión correcta por sí mismos.
Comparte con ellos toda clase de cosa buena, y permíteles “probar” y “gustar” toda clase de cosas buenas igualmente.  Algunas veces la diferencia de edad no nos permite estar allí para todo, pero compartamos con ellos la alegría.
Si no puedes nadir en el lago porque no toleras el frío, quédate en la cabaña cocinando y preparando un juego para la noche.  O púedes leer un buen libro en la playa, etc.  Si no te gusta poner banano en la sopa o agregárselo al pescado, o poner queso sobre lamanzana, no lo hagas, pero permite que ellos lo pruieben y satisfagan su curiosidad.  Si nunca te atreviste a bucear, no significa que a ellos no vaya a atraerles la idea.  Si a ti no te gustarn los animalesm, eso no significa que aellos no vayan a fascinalres.  No todo podrá ser como deseamos que sea, pero la perfección es algo que se da con el tiempo, y tener nuestros pericos privados o acotrres deseados no hará la perfección, tan solo nos concederá una atractiva mentira.
Ayúdalos a descubrir quiénes son realmente.Disfruta cada buen momento a sualado:  compartir películas, viajes, conocimiento, música, ejercicios, opiniones, conversaciones, , comida, experimentos, cualquier cosa y todo lo que a ti t eguste y que tú ames, y no te deprimas porque a ellos les gustan cosasa que a ti no.  ¡Amalos!  Amalos tanto como puedas.  Aún si las cosas resultan ser lo que tú esperabas que no fueran, tendrás todas aquellas cosas qie compartiste con ellos en tu mente y en tu corazón, y el amor para estar allí contigo por siempre.  Y siempre recuerda la canción que dice:  “El amor te traerá de regreso” (Love will lead you back).  Y si el amor no lo hace, nada lo hará.  Algunas veces debemos soltar.  Si debes hacerlo, hazlo.  Ama y suelta.

No permitas que tu hijo sea altivo o esgoista.  No permitas que sea violento o rencoroso.  No permitas que pierda de vista la vida y la felicidad.  Y más importante que ninguna otra cosa, muéstrale con tu vida (plenitud) que lo que tú le enseñas es la verdad.

Tomemos en cuenta las cuatro etapas de la vida:  1ª. Descubrimiento de nosotros mis-mos y del mundo que rodea.  (De los 0 a los 10 años)   2ª. Comprensión de nosotros mismos y de la vida.  (De los 10 a los 20 años)  3ª. Definición.  (De los 20 a los 30 años)  4ª.  Adaptación. (De los 30 años en adelante, cada 10 años en forma dramática).

En la primera etapa debemos cuidarlos, enseñarles y protegerlos;  amarlos y disfrutar-los.  En la segunda debemos reaprender a comunicarnos con ellos,  debido a los grandes cam-bios que sufren; respetarlos, protegerlos y guiarlos.  A partir de la tercera debemos ayudarlos, apoyarlos, estar allí, o bien retirarnos definitivamente.

Nos ayuda mucho también entender que para el niño la vida es un solo hilo.  El no entiende el pasado.  Su pasado es lo mismo que su presente.  El futuro no le preocupa.  Para el joven el pasado empieza a ser una carga, algo que arrastrar.  El futuro se convierte en un deseo desenfrenado, en un prometedor descanso, en una deliciosa recompensa, y cae en el error de perderse su presente.  Si no lo notamos y aceptamos nos arriesgamos a vivir así toda la vida.  La madurez consiste en hacer la paz con nuestro pasado, tomar responsabilidad en el presente y esperar el futuro.  En la vejez, si hemos vivido correctamente, podemos disfrutar el pasado en lugar de lamentarlo y tener resentimiento y temor.  Apreciamos el presente, vemos hacia atrás con satisfacción y placer; aceptamos que nuestros tiempo en la tierra ha llegado a su fin y empezamos a disfrutar compartir las experiencias de otros, así como a ayudarlos, animarlos y consolarlos.

Debemos ayudar a nuestros hijos a lograr madurez en cada etapa de su vida, equipándolos y capacitándolos así para tomar responsabilidad en el mundo.  La madurez de las personas debe darse en la etapa de la definición.  Antes de eso podemos tener madurez circunstancial, y en diferentes facetas de nuestra vida, pero a partir de los treinta años debemos encontrar la madurez en relación a la vida y a las demás personas, no importando cuántos cambios más tengamos que hacer a lo largo de nuestro caminar por ella.

Amor sin disciplina no es amor.  Disciplina sin amor no es disciplina.  ¡Amemos a nuestros hijos lo mejor que podamos y recordemos que sólo están con nosotros un corto tiempo!


"Nunca, nunca seas tan orgulloso/a que no puedas pedirle perdón a tu hijo/a 
cuando veas que has cometido un error."
                                                                 Seasons of the Heart



Buen libro para leer: “Atrévete a disciplinar”, del Dr. James Dobson

Otros blogs recomendados:  "Nuestros hijos"; "Libertad"; "Felicidad"; "El miedo"; "El dolor"; "Heridas".


Canciones:
"For the first time" (Rod Stewart)
"Through His eyes of love"  (Steve Archer)
"That´s what love is for"  (Amy Grnt)